“La Argentina se colgó una insignia contra los holdouts”,
dice BAE y, si bien me parece el titular más acertado a la hora de describir el
significado del hecho relatado, creo que se quedó corto. ¿Por qué? Porque de la
mano del derecho internacional, logramos sentar un precedente válido para todos
los países del mundo.
Y digo “logramos” porque hay un pueblo que sostiene a
nuestra presidenta para que, con dignidad, defienda la soberanía nacional.
Porque nosotros, los argentinos que entendimos que hay que estar de “este lado”
de la vereda, no estamos luchando sólo por “lo nuestro” sino que estamos
demostrando que “se puede” a otros países que desde antaño cantan “Patria, sí;
Colonia, no”, sabiendo que el coloniaje de estos tiempos no tiene bandera, es
sólo dinero apátrida.
Claro que, como era de esperar, los indignos del oportunismo
amargo se enfocan en sembrar el odio para que lo importante se escape de la
tapa. Pero sabemos que desde ese chiquitaje no se construye nada grande, y que “nada
grande se construye con tristeza” agregaría un Jauretche con la mirada
orgullosa y llena.